Jornada mundial por la Paz
El próximo, primero de enero, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de la Paz, que este año centra su reflexión en el tema de la ecología y el medio ambiente. “Si quieres promover la paz, dice el Papa Benedicto XVI, protege la creación”.
Fue el primero de enero de 1968 cuando, por iniciativa del Papa Pablo VI, se inició esta costumbre de dedicar el primer día de cada año en la Iglesia Católica a tomar conciencia de la necesidad que todos debemos sentir de comprometernos con la tarea de la paz. “Sería nuestro deseo, dijo el Pontífice en su mensaje al mundo en aquella ocasión, que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”. En sus palabras el Papa invitaba también a todas las religiones e instituciones a dedicar este día a la causa de la àz.
Desde entonces hasta ahora, de manera ininterrumpida, los papas han mantenido la costumbre, convertida ya en tradición, de proponer al mundo una reflexión sobre la paz. La de este año presenta la estrecha relación que hay entre paz y medio ambiente. “Si quieres cultivar la paz, protege la creación” es el título del mensaje de este año.
Cuando todavía nos lamentamos del fracaso -la historia se encargará de confirmarnos el grave error cometido- de la cumbre sobre el cambio climático celebrada en días pasados en Copenhague, esta reflexión del Magisterio de la Iglesia estableciendo una relación de causa-efecto entre clima y paz, me parece, cuando menos, oportuna y necesaria.
Se pretende llamar nuestra atención para que tomemos conciencia de la estrecha relación que existe en nuestro mundo globalizado e interconectado entre la salvaguardia de la creación y el cultivo de la paz. Dicha estrecha e íntima relación está cada vez más peligrosamente afectada por la mala gestión que los humanos estamos haciendo del medio ambiente.
Si paz es sinónimo de armonía, la agresión constante a la naturaleza por el perverso maltrato de la especie humana, amenaza la paz. Esto no es teoría. Recientemente cuatro universidades estadounidenses presentaron un informe científico en el que advertían que la sequía en África aumentaría en un 54 por ciento los conflictos armados en el continente.
En esta misma perspectiva, si la familia humana, viene a decir el mensaje papal, no sabe hacer frente a estos nuevos retos con un renovado sentido de justicia y equidad social, así como de la solidaridad internacional, se corre el riesgo de sembrar violencia entre los pueblos y entre las generaciones presentes y futuras.
Urge, advierte también Benedicto XVI, tutelar el medio ambiente. Este es un reto para toda la humanidad. Se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo, destinado a todos, impidiendo que se pueda hacer uso impunemente de las diversas categorías de seres de manera indiscriminada. Es una responsabilidad que debe madurar en base a la globalidad de la presente crisis ecológica y a la consiguiente necesidad de afrontarla globalmente, en cuanto que todos los seres dependen los unos de los otros.
Si se desea cultivar la paz, se debe favorecer una renovada conciencia de la interdependencia que une a todos los habitantes de la tierra. Tal conciencia ayudará a eliminar diversas causas de desastres ecológicos y garantizará una tempestiva capacidad de respuesta cuando tales desastres afecten a un pueblo o territorio. La cuestión ecológica no debe ser afrontada sólo por las escalofriantes perspectivas que presenta el degrado ambiental, sino que debe traducirse sobre todo en una fuerte motivación por cultivar la paz.