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Hace un año soñamos que el mundo cambiaría

Hace un año soñamos que el mundo cambiaría

El pasado miércoles se cumplía el aniversario de la victoria de Barack Obama en las elecciones norteamericanas. Con su victoria por todo el mundo se extendió la agradable sensación de que estábamos ante algo sensacional y bueno para el planeta. A doce meses de aquel día es tiempo de preguntarnos qué queda del sueño Obama. ¿Ha cambiado realmente el mundo como esperábamos?

Los análisis dan para muy diversas conclusiones. Estados Unidos oficialmente salió en días pasados de la recesión al recuperar niveles de crecimiento económico del tres y medio por ciento. El Instituto Nóbel de Suecia reconoció el nuevo clima para la política internacional suscitado por la mentalidad multilateralista de Obama otorgándole el premio de la Paz, un premio muy criticado y escasamente valorado dentro de su propio país, donde la población parece tener con su flamante primer presidente negro de la historia menos euforia que la que hay en el exterior.

El panorama que este hombre, el más poderoso del planeta, enfrenta hoy es realmente complicado tras ocupar desde  hace ocho meses la oficina oval de la Casa Blanca. Después de su aplastante victoria, Obama tiene ante sí un panorama más duro que el que había en aquella noche de triunfo y de éxtasis, en Chicago, donde todo parecía tan posible que a todos nos dio por soñar en grande.

Hoy a Obama le han metido el bisturí y están escaneando una a una sus iniciativa políticas. Y aunque todos aseguran que es demasiado pronto para hacer balance definitivo, las valoraciones de su gestión no están siendo, por lo general, positivas.

Claro que es difícil contentar a todos. Los demócratas liberales dicen que Obama no ha hecho lo suficiente y que debería haber sido más audaz, los moderados le achacan que no tiene las ideas claras y los republicanos, asustados, le acusan de "sovietizar" EEUU, es decir, de crear el caos. Las recientes derrotas electorales sufridas en estos días donde los demócratas han cedido terreno a los republicanos en bastiones donde eran electoralmente fuertes son para algunos una señal clara del descontento que hay en la ciudadanía.

Arianna Huffington, una antigua candidata independiente, se hace eco de la decepción progresista preguntándose qué pensaría el candidato Obama del presidente Obama. Y responde: “miraría lo que está haciendo la Casa Blanca y se preguntaría: ¿y eso es para lo que mis simpatizantes han trabajado tan duro?”

En estos ocho meses en la Casa Blanca su popularidad entre los norteamericanos ha bajado respecto a los niveles verdaderamente estratosféricos que alcanzó al ganar las elecciones. Con todo, los sondeos dicen que aún goza de un nada desdeñable 50 por ciento de aceptación.

Una cosa es con guitarra y otra con violón, solemos decir para explicar la diferencia entre las buenas intenciones y los hechos concretos que las materializan. Creo que Obama lo sabe muy bien. En Afganistán está estancado y su equipo de asesores no logra armar una estrategia para salir del conflicto. Cerrar Guantánamo en enero del próximo año, que fue una de sus promesas electorales más concretas, no parece que sea posible, entre otras razones porque no encuentran países receptores para todos los “talibanes” allí recluidos. Empantanado parece estar también con la reforma del sistema de salud, otra de sus banderas de campaña. Tampoco se ha avanzado sustancialmente en la relación con Irán, a pesar de que él propio Obama inició su mandato recalcando que se proponía entablar un nuevo tipo de relación con el gobierno de los Ayatolas. A pesar de que lo ha intentado, Irán no da muestras de querer atenerse a la legislación internacional en el polémico tema del enriquecimiento de un uranio que los occidentales sospechan pueda convertirse en arma nuclear.

Suceder a un predecesor como George Bush tiene de bueno que las cosas sencillas y sin importancia se hacen de pronto fáciles. De ahí los aplausos del mundo entero coronados con el Nóbel de la Paz. Ahora al presidente Obama le toca lo difícil. Al final lo examinarán por esto, no por lo primero.

Y quiera Dios que acierte para que podamos seguir soñando

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