¿Diálogo de sordos en Copenhague?
Lleva ya una semana la cumbre sobe el cambio climático que reúne en Copenhague a decenas de mandatarios de ciento noventa y dos países. Me ha llamado la atención la poca cobertura que en los medios dominicanos está teniendo este evento de importancia tan vital para el futuro del planeta que todos habitamos y en el que deberán vivir también, si algo queda de él, las posteriores generaciones. A este tema me referí en mi reflexión del pasado lunes y, con su permiso, lo haré también hoy.
Yo no sé si por quedar reducidos al espacio de una isla, o porque estamos demasiado centrados en nuestras cosas en un eterno ejercicio de mirarnos el ombligo, los dominicanos con mucha frecuencia tendemos a aislarnos del mundo y a quedarnos de espaldas a lo que palpita en el resto del planeta.
En esta cumbre sobre el cambio climático el planeta tierra que los humanos gestionamos se juega mucho. Sería muy insensato no tomar conciencia de ello y sacar el cuerpo al problema diciendo que, como somos un país pequeño que no cuenta y tampoco tiene poder para decidir en una mesa planetaria, no sirve de nada preocuparnos.
Me agradó leer la pasada semana en la prensa internacional un editorial común publicado por 56 periódicos de 45 países, entre los que no hay ninguno dominicano, que llamaba la atención del mundo sobre este problema. Que yo sepa es la primera vez que esto ocurre y me parece un hecho de singular relevancia. Lo hicieron, dice el editorial, "porque la humanidad se enfrenta a una grave emergencia".
Si no nos unimos, sigue diciendo el editorial conjunto, para emprender acciones decisivas, el cambio climático causará estragos en nuestro planeta y, con él, en nuestra prosperidad y nuestra seguridad. Los peligros son evidentes desde hace una generación. Ahora, los hechos han empezado a hablar por sí solos: 11 de los últimos 14 años han sido los más calientes que se registran, el casquete polar del Ártico está derritiéndose y la increíble subida de los precios del petróleo y los alimentos el año pasado nos ofrece un anticipo del caos que se avecina. En las publicaciones científicas, la cuestión ya no es si la culpa es de los seres humanos, sino cuánto tiempo nos queda para limitar los daños. Y, sin embargo, hasta ahora, la respuesta del mundo ha sido débil y desganada.
Estos medios de comunicación piden “a los representantes de los 192 países reunidos en Copenhague que no vacilen, que no caigan en disputas, que no se echen las culpas unos a otros, sino que aprovechen la oportunidad surgida del mayor fracaso político contemporáneo. Ésta no debe ser una lucha entre el mundo rico y el mundo pobre, ni entre el Este y Occidente. El cambio climático afecta a todos, y todos deben resolverlo”.
En otro de los párrafos del editorial se dice que “la justicia social exige que el mundo industrializado rebusque en su cartera y se comprometa a dar dinero para ayudar a los países más pobres a adaptarse al cambio climático y a suministrarles tecnologías limpias que les permitan tener un crecimiento económico sin aumentar sus emisiones”.
Y finaliza el editorial interpelando a los políticos que en estos días hablan en Copenhague, no sé si en un diálogo de sordos, diciéndoles que son ellos los que “tienen el poder de determinar cómo nos juzgará la historia: una generación que vio un reto y le hizo frente, o una tan estúpida que vio el desastre pero no hizo nada para evitarlo. Les rogamos que tomen la decisión acertada”.
Claro que los responsables de estos medios no están en la cumbre, pero harían bien los que sí están en hacerles caso porque, como reiteradamente ha señalado el premio nobel italiano Carlo Rubbia, “estamos en estado crítico; el cambio climático nos va a obligar a crear una nueva sociedad”. Querámoslo o no.
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