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Transfugismo

Transfugismo

Estamos asistiendo en estos días a un autentico festival carnavalero de transfugismo en nuestra geografía política nacional. El caso más sonado es, sin duda, el del señor Gilberto Serrulle, miembro de una destacada familia peledeista de Santiago de los Caballeros, que fue sacrificado en sus aspiraciones a la Sindicatura de esa ciudad víctima de la alianza entre su agrupación política y el Partido Reformista Social Cristiano. Es el más sonado y significativo pero desde luego no es el único.

Lógicamente sus anteriores compañeros peledeistas han lamentado la decisión de Serrulle de pasarse a las filas de la oposición y han tratado de restarle importancia al hecho, que el propio político calificó de “difícil pero necesaria”. El secretario general peledeista, Reinaldo Pared Pérez, aseguró que Serulle se arrenpetirá de haberse ido y calificó como un mal camino su decisión. Ya cuando se empezó a rumorar que dejaría las filas del partido de Juan Bosch al cuestionarse su candidatura a alcalde, le aconsejó que “no dejara camino real por vereda”.

Por su parte, el ministro de la Presidencia, Pina Toribio reaccionó diciendo que la candidatura de Serrulle para la Sindicatura de Santiago por parte del Partido Revolucionario Dominicano es signo de la debilidad del PRD y de la desesperación del propio político. Pero habría que recordarle al ministro que también el PLD ha recogido tránsfugas del PRD.

Yo no entro a juzgar a estas personas que de la noche a la noche se cambian de saco, de camisa y bandera; no me corresponde hacerlo. Además, entiendo que cada quien es libre de hacer lo que en conciencia considere que debe hacer. Claro que, en el caso del transfugismo político, es más que dudoso que el baile de cambio de uniforme sea por motivos de conciencia. La sospecha de todos es que se trata más bien de traslados a otra tienda para asegurar los intereses personales.

Reitero, cualquier político goza del derecho constitucional de mantener reserva sobre sus convicciones y, por lo tanto, a cambiar de opinión y de postura política, sobre todo si ello significa atender mejor las demandas de sus votantes. No obstante, lo cuestionable de este inusual éxodo es si favorece la democracia, la gobernabilidad y la institución partidaria o, por el contrario, las debilita y contamina la acción política. Creo que más bien lo segundo.

Cuestiones legales al margen, a mi esto del transfugismo político me lleva a algunas conclusiones sobre la praxis política en nuestro país.

El sentido común y nuestra Constitución consagran el derecho y el deber de los ciudadanos de votar en conciencia cuando son convocados a las urnas. Sobre el papel eso está bien y así debe ser, pero en la práctica esto resulta del todo imposible pues el voto en conciencia sólo se puede ejercer en función de la oferta de un programa político concreto sobre el que los votantes pueden decidir. Sólo así el ciudadano puede considerar de las distintas ofertas políticas que se le presentan cuál es la que más le conviene y la que mejor va a garantizar sus derechos ciudadanos, su calidad de vida, sus principios morales etc, etc.

En San Cristóbal, por ejemplo, el PRD lleva de candidato a Síndico a un expelotero que hasta ahora ha sido diputado por el PLD, agrupación a la que llegó desde el Reformismo al no conseguir ser nominado por el partido de Balaguer.

Que una misma persona puede ser indistintamente candidata por las tres agrupaciones mayoritarias del país significa que los programas políticos no significan nada en la acción política dominicana y que las ideologías políticas no son dignos distintivos. Se me dirá que al tratarse de elecciones congresionales y municipales el tema de los programas no tiene tanta relevancia. Debería tenerla porque un gobierno municipal, por ejemplo, debe también ajustarse a programas concretos que los ciudadanos puedan evaluar.

Es una pena que los dominicanos tengan que resignarse a votar por personas y no por programas. Así aseguramos larga vida al clientelismo político, que es uno de las lacras y de los lastres que arrastra nuestra política nacional.

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