Haití-Chile
También las tragedias nos muestran las diferencias entre unos países y otros y desnudan el desigual desarrollo de los pueblos. Tienen en común la muerte y el dolor que generan por doquier, pero difieren en el número de víctimas que se cobran y el de las pérdidas que causan. Diferentes son también los plazos que se lleva recomponer el desaguisado. Los terremotos de Haití y Chile nos lo muestran claramente. En intensidad fue menor el de de nuestro vecino, 7.7 frente a 8.8; pero en víctimas el menor fue más trágico que el mayor. En días pasados un obispo haitiano hablando en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de Santo Domingo elevaba a medio millón las trescientas mil víctimas oficiales reconocidas por el gobierno que preside Preval. Acusado de falta de coordinación y de otras cosas más, el gobierno chileno tuvo que rebajar a 316 los más de setecientos muertos que contabilizaban los medios de comunicación de acuerdo a los datos suministrados por las autoridades. La reconstrucción de lo destruido en Puerto Príncipe dicen que se tomará por lo menos veinticinco años y no será posible sin la asistencia internacional. La presidenta Bachelet, a quien el destino ha decidido amargarle sus últimos días como mandataria, ha dicho que para recuperar la zona afectada por el terremoto se requerirán tan solo tres años y no será necesaria la asistencia exterior que tanto condiciona la soberanía de los pueblos. No quiero pensar qué hubiera pasado de haber ocurrido las cosas justamente al revés, es decir, si el terremoto de Haití hubiera tenido la intensidad del de Chile. Las víctimas chilenas habrían quedado reducidas a una mínima expresión, pero las de Haití habrían sido colosales y de un catastrofismo realmente apocalíptico. Sí, estas tragedias y otras que tienen que ver con la naturaleza desnudan nuestro mundo. El maltrato que damos al planeta lo está rebelando contra quienes lo habitamos. Yo no sé si científicamente hay alguna relación entre terremotos y cambio climático, pero sería bueno saberlo. En lo que, en todo caso, sí hay relación es entre desarrollo y capacidad de resistencia. Un pueblo más desarrollado es menos vulnerable; un pueblo con un desarrollo en mantillas queda totalmente indefenso. Haití y Chile nos lo acaban de demostrar, pero también Taiwan donde el pasado jueves tembló la tierra con una intensidad de 6.4 en la escala de Ritcher aterrorizando a los residentes de la isla pero nada más. Tan sólo 64 personas heridas y un incendio grande. Sabiendo como se sabe ya las zonas que son más proclives a los terremotos deberíamos llevar a cabo políticas que permitan enfrentar estos fenómenos sin tener que volver a poner a cero el contador de la historia para empezar de nuevo. Los técnicos hablan de técnicas de construcción antisísmica, de relocalización de las zonas de habitabilidad etc. No es que la tierra se haya vuelto rebelde y haya decidido devolver el golpe. No, yo lo que creo es que sencillamente la tierra tiene su propia dinámica, actúa de acuerdo a sus reglas y nos toca a nosotros respetarle eso porque ella, como quiera, seguirá su curso. Si le cambiamos las reglas de juego ella seguirá haciendo lo que le dicta su propia energía. Al escribir estas líneas leo una noticia en la prensa internacional que dice que un escape de metano en el fondo del Ártico puede acabar de desbaratar el clima del planeta. Un equipo de científicos rusos y suecos ha descubierto múltiples chimeneas en la llamada plataforma ártica de Siberia Oriental, por las que ya escapan unos ocho millones de toneladas de metano cada año, la misma cantidad que la liberada por todos los océanos del mundo juntos. Este compuesto, encerrado en el suelo congelado de la tundra siberiana desde la última glaciación, es un gas de efecto invernadero 30 veces más potente que el ya famoso dióxido de carbono. Dios hizo el mundo bien y bueno; lo dotó de armonía para que el hábitat fuera un espacio de paz y sosiego para el hombre. Los humanos, con poco sentido común, hemos roto esta armonía y la tierra que pisamos se está tornando hostil para nosotros. ¿Reaccionaremos a tiempo?
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