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Los roba-niños

Los roba-niños

En mi artículo de la semana pasada me refería a la deformada visión de Haití que nos estaban ofreciendo los medios de comunicación. Lo hemos podido comprobar, una vez más esta semana pasada.

Las portadas de los periódicos, los noticiarios de radio y televisión que han reportado sobre Haití en estos días han hablado más de los baptistas que trataron de sacar ilegalmente a unos niños del país para llevárselos a Estados Unidos que de la realidad que vive toda la población sobreviviente del terremoto del 12 de enero pasado.

Se quejó de ello el propio primer ministro haitiano.  Jean-Max Bellerive no acierta a comprender cómo el tema de los baptistas roba-niños acapara la atención de los medios de comunicación, sobre todo los de EEUU, "cuando hay un millón de personas que sufre en la calle".

Desbordado por la tragedia, pero tratando de actuar con la máxima ecuanimidad posible, Bellerive actualiza las cifras de que dispone el gobierno: 212.000 víctimas es la última. A ello, añade, hay que sumar los cadáveres que fueron enterrados por sus familiares, los que fueron quemados para evitar epidemias y, sobre todo, los miles que permanecen bajo los escombros. ¿A cuánto ascenderá la suma total? Imposible de saberlo.

Pero, se ha hablado más de los baptistas que se trataron de robar una treintena de niños que de los 300 mil heridos que están necesitando asistencia médica y que de los 4 mil a quienes se les ha amputado algún miembro. Se ha hablado más de los pequeños y de sus raptores que del millón cien mil haitianos que han perdido sus hogares al quedar fulminadas en pocos más de un minuto medio millón de casas en Puerto Príncipe y sus alrededores. Esta cifra, según los datos ofrecidos por el primer ministro, habría que aumentar hasta los dos millones si se contabiliza a aquellos que no han perdido su vivienda por la sencilla razón de que nunca la tuvieron.

Ciertamente el intento de secuestro y robo de los niños es noticia y hay que divulgarla, pero no es lo más noticiable de Haití en estos momentos, o no debería serlo.

El propio expresidente norteamericano, Bill Clinton, que visita el país para ponerse al frente, en nombre de las Naciones Unidas, de la coordinación de la ayuda internacional, ha tenido que declarar a los medios que no está en Haití para negociar la liberación del grupo religioso detenido por el intento de secuestro, sino para poner en marcha el programa “trabajo por comida” para emprender la reconstrucción.

El mundo sigue conmovido por la tragedia, pero cada vez menos. Ya no son muchos los medios que mantienen en Haití corresponsales y es una pena que, por aquello de buscar la noticia impactante, estos husmeen en las cosas de menor importancia e ignoren el verdadero meollo de la cuestión.

La verdadera realidad corre el riesgo de ser silenciada. La emergencia sanitaria y alimentaria, la necesidad de reconstrucción debería ser la noticia de primera página de nuestros medios y no el circo mediático montado con el caso de baptistas que pretendieron sacar del país a 33 niños. Un circo con morbo añadido al conocerse que una de las implicadas es Laura Sylsvi, acusada de varios fraudes en Estados Unidos.

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