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Increíble pero cierto

Increíble pero cierto

Me disponía a descansar de los afanes del día mirando un canal de noticias en la televisión. Creo que era el noticiario de CNN. Lo que vi me dio un revolcón por dentro. Una rabia difícilmente contenible se apoderó de repente de mí. No podía dar crédito a lo que veían mis ojos.

La escena era en algún lugar de Bélgica, el país en cuya capital la Unión Europea tiene sus sedes ejecutivas centrales. En una inmensa llanura unos trescientos tractores con sus cisternas inundaban la tierra con, nada más y nada menos que, tres millones de litros de leche fresca recién arrebatada a las ubres de las vacas. Quienes estaban tirando por la borda el sudor de su trabajo eran los ganaderos belgas que protestaban así contra los bajos precios que en el mercado tiene lo que ellos venden, unos precios que, según dicen, no cubren sino la mitad de sus costos de producción.

Pero esto no ha sido todo. Los productores cerraron también el martes pasado los accesos fronterizos de Bélgica con Holanda y Alemania para demandar precios más altos y en otros países europeos como Francia y España se esperan acciones similares en los próximos días.

Curiosamente, el mismo día que los europeos tiraban esos tres millones de litros de leche, que darían para proporcionar la ración diaria de ese alimento básicos a seis millones de niños en las zonas de pobreza del planeta donde el hambre se cobra diariamente miles de vidas, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU advertía que el número de personas que pasan hambre en el mundo ha superado este año, por primera vez en la historia, los 1.000 millones. Y en su informe la ONU señalaba también que, sin embargo, la ayuda alimentaria está en su nivel más bajo de las dos últimas décadas.

Se dirá que la crisis mundial ha obligado a los gobiernos a reducir sus partidas presupuestarias para la ayuda internacional. Eso no arregla las cosas, tan solo las explica. La directora de este programa resaltó desde Londres que este descenso de la ayuda alimentaria coincide con un “incremento del número de personas en estado crítico de hambruna”. La cantidad de hambrientos, según la experta del PMA, Josette Sheeran, está en sus niveles más altos, en más de mil millones, mil veinte para ser más precisos, en tanto la ayuda alimentaria se sitúa en un mínimo histórico.

Esta situación, advirtió la experta de la ONU representa un gran riesgo y una más que probable amenaza a “la paz, seguridad y estabilidad en muchos lugares del mundo". Explicar por qué no parece necesario.

Cuando entre nosotros se habla de hambruna enseguida nos vamos al continente africano pensando que tal calamidad está afortunadamente lejos de nuestras puertas. La organización Médicos Sin Fronteras denunciaba el pasado viernes que en la República Centroafricana un 20% de la población infantil sufre desnutrición aguda y alrededor del 7% de los niños está en grave riesgo de morir.

No es sólo África la que está hambrienta. Ya conocemos la difícil situación que atraviesa nuestro vecino en materia alimentaria. En días pasados la prensa internacional resaltó también que en Guatemala el gobierno del presidente Colon decretó el estado de calamidad por el hambre al perderse, debido a una prolongada sequía, el 90% de las cosechas de maíz y frijoles, alimento básico de los guatemaltecos.

Y, mientras esto pasa en estos lados del Tercer Mundo, resulta inaceptable e insultante que en el otro lado, para forzar una subida de precios de la leche, tiren millones de litros de ese producto a una tierra que lo que espera es agua para granar el trigo.

Otra globalización tienen que ser posible. Si no, la actual no sirve de mucho.

 

¿Ludismo en la CEDEE?

¿Ludismo en la CEDEE?

La mayoría de los periódicos del pasado jueves colocaron como noticia de portada el apagón general que sufrió el país en la tarde del miércoles, producido, según las primeras explicaciones dadas por el superintendente de electricidad, Francisco Méndez, al dispararse las plantas AES-Andrés, de Bocachica y San Felipe, de Puerto Plata. Estas dos plantas, de acuerdo a los técnicos, arrastraron a las demás provocando el black out.

Pero, esa misma mañana los comentaristas de radio se apartaban de la explicación oficial y empezaban a hablar de sabotaje en protesta por las  cancelaciones, una trescientas según dijo la prensa, de empleados de la CEDEE que la nueva administración había llevado a cabo en días atrás.

Un comentarista dijo, muy seguro de sí mismo, que nadie en este país se cree que lo del apagón no fuera un sabotaje. Poco a poco esta hipótesis fue tomando cuerpo y ya la prensa vespertina hablaba claramente, también en primera página, de esa posibilidad.

Pocas horas después el superintendente de Electricidad abrías las puertas a eta sversión al confirmar la detención de 10 personas de la empresa, a quienes no identificó para no entorpecer las investigaciones,  y no descartaba que el black out fuera realmente un sabotaje. Esta hipótesis se reforzaba al desmentir unas de las empresas que en sus instalaciones se hubiera originado el apagón pues, al momento de producirse su planta operaba con toda normalidad.

Es de suponer que en los próximos días este asunto se aclare. Y es importante que así sea para que aquellos que quieren poner un poco de orden en este caos de la energía eléctrica sepan con quien bregan y a quien se están enfrentando cuando tomen medidas que no sean del agrado de muchos.

Unas de las críticas del señor Marranzini a la anterior administración de Segura fue que la CEDEE estaba sobredimensionada en su nómina y que ninguna solución habría para el problema energético del país si no se la reducía a los niveles necesarios para su operatividad. Nadie debe esperar, ahora que el señor Marranzini es responsable directo de la institución, que se olvide de esos correctivos que propagó y que renuncie a llevarlos a cabo.

Si se confirman estas sospechas tendríamos que aceptar que el apagón del pasado miércoles fue un sabotaje al más puro estilo ludista. El ludismo emergió en aquellos años del siglo XVIII cuando comenzó la era industrial a desarrollarse con fuerza y los pequeños talleres manufactureros fueron reemplazados por las máquinas industriales que consiguieron elevar la producción reduciendo los costos de empleo.

A este movimiento le vino el nombre de un ciudadano inglés llamado Nedd Ludd, de dudosa existencia real. Este hombre, dicen, pensó que la mejor resistencia a la pérdida de empleos que estaba generando la aparición de las máquinas industriales, era sencillamente destruirlas. Según la leyenda popular, en 1779, se deshizo de un telar mecánico que representaba para él, la fuente de sus desgracias.

¿Estamos ante una reedición del ludismo? No lo sé, pero no estaría de más tener ojo avizor en este asunto. Al señor Marranzini no se lo van a poner fácil. Altos dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana ya se han apresurado a protestar contra las cancelaciones de sus compañeros en la CEDEE. El presidente del Senado calificó de masivas e injustas estas cancelaciones y advirtió que la medida no es “buena consejera”. A cualquier lector estas expresiones de tan alto dirigente peledeista suenan a advertencia y, quizás también, a amenaza.

¿Nuevas medidas en la CEDEE serán respondidas con más black out?

En tierra de nadie

En tierra de nadie

Saber el por qué de las cosas es fundamental para tener control de la realidad, de lo que pasa. Es necesario tener respuestas a esa pregunta para saber si lo que acontece tiene que ser necesariamente así y no queda otra que resignarse o, por el contrario, podemos revertir lo que el destino parece presentarnos como algo inexorable.

A la realidad, de todos modos, le sobran expertos y diagnósticos y le faltan agentes con determinación para que sea diferente, menos angustiosa y fatal para los ciudadanos. Lo más triste es que los agentes y los expertos a la hora de mirar esa realidad de la que viven no van por la misma ruta y, en consecuencia, las posibilidades de coordinar acciones favorables para la población son escasas cuando no nulas.

En estas cosas pienso tras leer en días pasados un extenso reporte del periódico Hoy sobre el reciente almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio en el que tres sociólogos y politólogos reflexionaron la situación nacional, tema por demás recurrente a pocos días del 16 de agosto cuando el presidente Fernández hablará a la nación de las excelencias de su gobierno.

Para Rosario Espinal, al tener el gobierno en estos momentos menos liquidez para atender las demandas de la población, las protestas sociales se incrementan, aunque estos meses de ahora son favorables para enfriarlas pues se incrementa el clientelismo político en la coyuntura electoral.

Pedro Catrain dice que este gobierno es vasallo de la corrupción. Ella forma parte de su engranaje político cuyos ejes la necesitan para sostenerse. Si el presidente desarticulara todos esos engranajes de la corrupción, señala el experto, el gobierno entraría en una crisis política que amenazaría incluso su legitimidad. Esta afirmación es realmente atrevida.

Para Wilfredo Lozano la incapacidad del gobierno está generando una crisis de gobernabilidad preocupante y habla también de deslegitimación política agravada por el irresponsable frenesí del gasto público que no se corresponde con la crisis mundial y local.

Si la desestabilización hasta ahora no ha llegado a mayores, dice este sociólogo, se debe en gran medida a la complicidad de la clase política que, a falta de alternativas y propuestas que reviertan y enmienden la situación, “asume un código conservador que le facilita las cosas al propio Gobierno”.

Ha llegado el momento, por tanto, de introducir cambios en la vida política y económica de nuestro país. No cambios de personas, ahora que se acerca el 16 de agosto, sino cambios de estrategia, de proyecto económico y político. Esto desde luego requerirá de nuevos agentes pues no será posible que esos cambios los lleven a cabo quienes hasta ahora han sido incapaces de cambiar.

¿Tenemos a esas personas? La alternativa en situaciones como esta ha sido siempre girar a la izquierda. Pero dice Catrain que la nuestra, nuestra izquierda, no es la salida porque se encuentra debilitada y sus mejores activos quedaron anulados, o desaparecieron en el régimen de los 12 años de Balaguer. Incapaz de ser opción de poder, a nuestra izquierda le queda hacer el trabajo de jardinero, es decir, abonar un rearme ideológico y moral de nuestra sociedad con vistas a su renovación, según Lozano.

Yo, debo reconocerlo, pareciéndome lógico y racional el análisis de estos expertos, me quedo preocupado. Pareciera que estamos necesariamente abocados al fatalismo, que no hay salida, porque teniendo claro lo que hay que hacer, no tenemos, o no encontramos, quién sea capaz de hacerlo. En América Latina están tomando forma dos modelos diferentes, uno el marcado por los gobiernos de Lula en Brasil y de Bachelet en Chile y otro el del eje chavista con Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Nosotros parecemos estar en tierra de nadie

Crucificados por los apagones

Crucificados por los apagones

Leí en la prensa del pasado viernes que un hombre en Santiago, harto ya de tantos y tan prolongados apagones, decidió pegar su cuerpo a unos maderos y crucificarse durante varias horas al más puro estilo nazareno en protesta por la carencia de energía eléctrica y por la exagerada facturación que tiene que pagar por un producto que el mismo que le cobra no le ofrece, lo que en buena ley es un robo flagrante.

Desde su cruz, José Ortiz, de cuarenta y dos años, exigía más cosas que la disminución de los apagones, demandaba también la terminación del arreglo de las calles de varios sectores de la ciudad caballera y otras cosas en las que siente que se le está escapando la vida.

La crucifixión de Ortiz no le va a redimir, ni a él ni a nosotros, de esta calamidad que sufrimos a diario casi todos los dominicanos, aunque no todos de la misma manera. Pero nos permite comprender el grado de desesperación al que está llegando la gente con este asunto y la dimensión del problema que va más allá de lo financiero.

Para gente como Ortiz los apagones y la factura por la oscuridad –sólo en este país se paga por estar a oscuras- son como una cruz en la que su vida lentamente está siendo inmolada. A diferencia de Jesús, el señor José Ortiz no encuentra cirineos que le ayuden a cargar semejante peso porque, entre otras razones, los que están a mano y tiene cerca sufren de lo mismo. Y a diferencia de la crucifixión de Jesús en el Calvario, esta pasión tampoco terminará en resurrección, al menos por ahora.

Yo siento la misma rabia que Ortiz, aunque temo que no tengo su temple para hacer lo mismo que él hizo y protestar de la misma manera. En mi parroquia, ubicada en el populoso barrio Lavapiés de San Cristóbal, tenemos un dispensario médico, “Salud para todos” se llama, en el que cada año se ofrecen diversos servicios de salud a unas treinta mil pacientes.

En esta semana pasada, por ejemplo, la energía nos decía adiós alrededor de las 8 de la mañana y por lo general no regresaba hasta horas de la noche, cuando ya nuestro centro ha completado el horario de servicio. Bueno, en honor a la verdad hay que reconocer que los apagones tienen breves interrupciones.

El caso es que en las ocho horas de servicio de nuestro centro de salud, en el que laboran más de veinte personas cada día, en las consultas, laboratorio, módulo dental, administración, farmacia, enfermería y recepción, tenemos que trabajar con nuestra propia planta de energía, lo que nos cuesta al mes unos veinticinco mil pesos en combustible.

Como al señor Ortiz los apagones nos salen a precio de oro pues la factura eléctrica de EDESUR ronda cada mes la cantidad los veintidós mil pesos.

Sí, la falta de energía eléctrica no está crucificando. Lo que hizo este buen hombre de Santiago es algo más que un acto simbólico de protesta. Realmente estamos clavados en esa cruz. Y lo malo, insisto. es que se trata de una crucifixión estéril e inútil. Si esta situación se prolonga, si los responsables de resolverla no lo hacen, como ya se ha denunciado sobradamente, muchos negocios y también muchos centros de servicios terminarán sus vidas en el madero y deberán ser enterrados en el sepulcro de la fustración.

Desde que el señor Segura quedó al frente de la institución estatal responsable del servicio eléctrico prometió que el problema quedaría resuelto con este gobierno. De eso hace ya varios años y el amanecer del primer día de un país iluminado con el que todos soñamos no llega.

Me quedo con la experiencia de los discípulos de Emaús; quienes la conozcan entenderán lo que digo.