Blogia
desdeotraorilla

La parábola del rico insensato

Sólo en algunas ocasiones, en esta columna, comparto reflexiones o hago referencias a cuestiones religiosas. Lo hago hoy sirviéndome del texto del evangelio de San Lucas, en su capítulo 12 que se reflexionó en las eucaristías de ayer domingo. En los versos del 13 al 21 hace Jesús una crítica al estilo codicioso de vida de los ricos y poderosos que sólo piensan en aumentar sus bienes sin importarles nada la suerte de aquellos a quienes no les alcanza para vivir con dignidad. Esta parábola podría ser recreada hoy tal cual la formuló Jesús en su tiempo hace más de dos mil años.

El protagonista de esta pequeña parábola, que podríamos llamarla del "rico insensato" es un terrateniente cualquiera de los que no escaseaban en los territorios de Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, a quienes habían arrebatado sus tierras al no poder estos pagar sus deudas, que pensaban sólo en aumentar su bienestar. La gente los temía pero también los envidiaba. Eran sin duda los más afortunados. Para Jesús de Nazaret, en cambio, son unos insensatos.

Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario de la parábola se pone a pensar qué hacer para almacenar todo lo recolectado. Tiene más de lo que necesita, más de lo que puede consumir, pero no piensa mas que en disfrutarlo sólo él. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Sólo le preocupan su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida...

El rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: «Construiré graneros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come y date buena vida».

Este hombre de la parábola del evangelio agranda sus graneros que se le han quedado chiquitos, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida, que es lo que en verdad necesita. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida, que se ha vuelto realmente miserable. Acumula bienes, pero no se ve que conozca la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. Es tan pobre que solo tiene dinero.

Esta parábola refleja bien nuestra sociedad. Al menos a quienes en la cresta de la ola social pretenden determinar los destinos de la gente. La crisis económica que estamos sufriendo es una "crisis de ambición". Los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra, han querido vivir por encima de las posibilidades reales de un mundo en el que los bienes se reparten de manera desigual e injusta.

El sueño del desarrollo sostenido se ha caído. Ese sueño generó una desigualdad como nunca antes había conocido la humanidad y finalmente se volvió como una piedra en el propio tejado que ha tornado vulnerable la seguridad de los codiciosos.

Con su parábola Jesús desenmascara nuestra crisis y nos dice que no es una de las que cíclicamente ha soportado la historia de la humanidad. Es más, es un "signo de los tiempos" que hemos de leer a la luz de un corazón con sentimientos verdaderamente humanos.

Para quienes somos creyentes no nos resulta difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: "Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel". Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida que nos llama a compartir más nuestro bienestar.

Aunque resulte difícil entenderlo, compartir es la única manera de no ser insensatos.

0 comentarios