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desdeotraorilla

Morir de éxito

 

Cuando estalló la crisis económica mundial hace ya tres años, algunos predijeron el fin del capitalismo, lo que estiró la sonrisa de no pocos. Del peligro fueron conscientes los gobiernos y se dieron prisa en tomar medidas que algunos, como el presidente francés Sarkozy, dijeron lo refundarían.

He leído en estos días un estudio de un doctor en ciencias económicas español que insiste en que el capitalismo tiene los días contados, aunque no se atreve a ponerle fecha de caducidad. Antoni Castells i Duran es experto en colectivizaciones y dice que lo del fin del capitalismo "es cuestión de tiempo".

Lo que me ha llamado la atención de su investigación es que la causa del fin del sistema no la pone en la crisis económica en sí, sino en la de los valores sociales y morales que acompañan al sistema. Entresaco algunas de sus afirmaciones que me parecen dignas de ser tenidas en cuenta.

Para este experto la crisis de valores es también el verdadero origen de todos los sufrimientos de la economía. Parecía que llegaba la hecatombe y que serían necesarias grandes reformas, pero las cosas continúan como siempre.

"Por el momento, dice este doctor en economía, se ha parado el golpe, pero a cuenta de los estados" y esto es peligroso y, además erróneo.

El capitalismo liberal, que es el que se ha impuesto en el mundo, piensa que es incapaz de superar su propia crisis porque tiene como objetivo el crecimiento ilimitado y eso es insostenible.

Pretenderlo obligaría a que el resto de actividades sociales se sometan a su tutela y se ajusten a sus reglas y valores. Esto es realmente destructivo.

La economía liberal se fundamenta en la insaciable apropiación de la plusvalía, en el individualismo, en el deseo ilimitado de agrupar riqueza y en la competitividad, opina este economista para quien el capitalismo está cavando su propia fosa.

Haciendo un instantáneo flash histórico recuerda que “el capitalismo nació en el siglo XVIII, con la apropiación del valor añadido que crea el trabajo. Luego llegó el capitalismo financiero, que condujo hacia la especulación. Las crisis previas a la primera y segunda guerra mundial, el crash del 29, pusieron en evidencia que los mecanismos autoreguladores del mercado fallan. Nacieron alternativas, más o menos acertadas, pero hasta la II Guerra Mundial no se recuperó la economía. Luego nació el Estado del bienestar” y hoy “el sistema neoliberal es incapaz de superar su propia crisis"

Hubo tiempos cargados de esperanza como las revoluciones del Mayo francés, la Primavera de Praga, los movimientos en México, las protestas contra Vietnam, Martin Luther King, etc. Todo ello puso de manifiesto que el poder económico había perdido posiciones. Se reaccionó de inmediato y con las políticas la Dama de Hierro inglesa y el presidente Reagan se volvió a imponer el neoliberalismo.

En la situación actual, sostiene Castells, “se ha llegado a la decrepitud, que a largo plazo conduce a la muerte. Es cuestión de tiempo. Hay quien habla de hundimiento inmediato, otros vislumbran brotes verdes. El capitalismo neoliberal vive ya en un estado zombie”.

Insiste en que “obsesionarse con el crecimiento ilimitado no es posible sencillamente porque los recursos son limitados y, sobre todo, porque se ha llegado al límite sociopsicológico. El crecimiento se basa en el consumo, y por ello la publicidad crea deseo ilimitado nunca satisfecho. La gente acaba desorientada. El capitalismo ha impuesto sus valores, y por ello morirá de éxito”.

“El problema, señala, es la generalización de los valores del capitalismo, que eran inicialmente los de la burguesía y se han impuesto sobre la creatividad social. Asumimos la generalización de la corrupción, incluso pensamos que hubiéramos hecho lo mismo si hubiéramos estado en el lugar. Cuando esos valores se convierten en los de todos el sistema se vuelve insostenible”.

No se atreve a ponerle fecha de caducidad al sistema. Dice que el hecho de que esté muerto no significa que desaparezca. Antes es necesario que surja otro tipo de sociedad que lo sustituya.

Así que tenemos para rato todavía

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