El fútbol, religión de masas
Desde el pasado 10 de junio el balón rueda por los campos de fútbol de Sudáfrica. La mitad del planeta olvida sus penas y aparca la crisis hasta dentro de unos días.
Y mientras la pelota rueda y rueda por las patadas de los futbolistas y el aliento de las estridentes vuvuzelas, cientos de miles de refugiados se apiñan en los alrededores de Johannesburgo. Son, dice la ong “Entreculturas” más de 200 mil. Procedentes de Zimbabwe, República Democrática del Congo, Angola, Ruanda, Burundi y Etiopía, piden asilo político para poder residir en la esta tierra redimida por Mandela.
Pero no es de esta contradicción de la que hoy quiero hablar; sino del fútbol. ¿Se ha convertido el fútbol en una religión?
Decía Saramago, a quien la religión cristiana no le cuadraba nada, que Dios es un invento de la muerte. Con ello quería decir, me imagino, que en su afán de vivir, no sé si eternamente o en plenitud, el hombre se ha inventado a Dios para la satisfacción de esa necesidad.
Ya se ha reflexionado y escrito no poco sobre ello. Y lo que dicen es ciertamente el fútbol reúne todos los componentes que a una religión se le suponen.Los estadios son los templos o santuarios de esta religión esférica. El césped sería el espacio sagrado, los ministros del culto los futbolistas, la feligresía los seguidores del deporte que semanalmente acuden al estadio o se atrincheran ante la pequeña pantalla. Hacen su sacrificio y dejan su limosna pagando una boleta de entrada carísima, por lo general. La ritualidad está aderezada de consignas, banderolas, caras pintadas con los colores del equipo etc.Tal vez diferencia al fútbol de una religión el hecho de que no se ofrece la salvación como premio por la fidelidad, aunque esto es siempre relativo pues a quien no cree en la Transcendencia, ser campeones puede ser lo mismo que gozar la plenitud de la vida.En estos tiempos en que los dioses visten de civil el fútbol podría ser una muestra de la oculta necesidad que el hombre tiene de adorar algo, de creer en algo. Y si algo le cuadra al fútbol es la crítica que por lo general se hace a las religiones, la de hacer prevalecer intereses económicos por encima de los principios religiosos.Los analistas de los fenómenos sociales nos hablan hoy de una vuelta del fenómeno religioso. Es una vuelta muy especial bajo formas y acentos muy diversos. Vuelve lo religioso al lugar de donde se lo había expulsado, al ámbito del pensamiento filosófico. Filósofos como Vattimo, Lévinas, Trías, Habermas dan fe de ello. Vuelve lo religioso con sus trascendencias más o menos grandes y significativas. Las nuevas religiones son religiones civiles, religiones de sustitución que trivializan lo sagrado.
Dicen estos pensadores que el fútbol es una «religión civil de masas» que está sirviendo a la causa de los nacionalismos. España no es España sino “la roja”, Francia, ya apeada del mundial, no es Francia sino “les bleus”. Argentina “la albiceleste”’, Brasil “la canarinha”, Holanda “la naranja mecánica”.
Para quienes no asisten al templo y siguen el oficio religioso por la televisión, los periodistas que transmiten el encuentro son los portavoces de esta liturgia, los predicadores que durante la contienda parecen entrar en trance cuando con un grito interminable anuncian el milagro del gol.
El que gane el mundial se convertirá en un mito y el sacrificio hecho para llegar al éxtasis y gritar “campeones” se dará por bueno. Habrá resignación ante la multimillonaria cifra de las primas que cada país se ha comprometido a pagar a sus gladiadores, aunque estemos ante una crisis a la que mañana mismo, cuando el balón deje de rodar y las vuvuzelas de sonar, miraremos de nuevo a la cara y a corta distancia. Y a esta pascua le sucederá una cuaresma interminable.
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