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desdeotraorilla

El tiempo que viene

El tiempo que viene

Recojo las ideas de esta columna de hoy de un artículo leído en el periódico El País que me ha parecido sumamente interesante y que creo nos conviene también conocer a nosotros los dominicanos. Habla del tiempo que viene, de las tendencias que lo van a determinar y de sus consecuencias.

A su vez, este artículo hace referencia a un libro titulado “la nueva bomba poblacional”  en el que se apuntan cuatro tendencias que a partir de este 2010 recién iniciado van a predominar en el planeta y lo van a cambiar. Estas cuatro tendencias son: 1.- la pérdida de peso demográfico del mundo desarrollado con el correspondiente cambio de centro económico del planeta; 2.- el envejecimiento y declive de la fuerza de trabajo de los países desarrollados, con el correspondiente aumento de demanda de mano de obra inmigrante; 3.- la concentración del crecimiento en los países, pobres, jóvenes y musulmanes; y 4.- la urbanización masiva del planeta.

Esta última tendencia se va a consumar en este mismo año, según las cuentas de los demógrafos. En este 2010 del que apenas han transcurrido tres días se va a producir una sustancial modificación para la humanidad. En el siglo transcurrido desde 1950 la proporción campo/ciudad se habrá invertido y el momento crucial del cambio, en el que la población urbana superará a la rural, se producirá este año 2010.

No se trata de un hecho irrelevante. En las próximas cuatro décadas la población mundial crecerá de los actuales 6.830 millones de habitantes hasta los 9.150 millones, una cantidad enorme que quedará estable, según cálculos de los técnicos, a partir de aquella fecha. El mayor crecimiento se producirá en las ciudades de los países más pobres y con población más joven, donde serán colosales los déficits educativos, las dificultades de empleo o la falta infraestructuras e inversiones. Elemento central de esta evolución es que la religión de la mayor parte de esta población urbana y en gran parte desafortunada será el islam.

A su vez, esta urbanización del planeta irá acompañada de una desbordada extensión de las clases medias que, a diferencia de las clases medias occidentales que gozan de cierto poder adquisitivo, serán pobres y vivirán en unas condiciones urbanas peores.

Habitarán medios urbanos deteriorados o precarios y dotados de infraestructuras insuficientes y de mala calidad. Aunque mejorarán sustancialmente en riqueza y educación respecto a sus padres y abuelos, no lo harán en seguridad. En estas ciudades abarrotadas de gente proliferarán la delincuencia y el terrorismo. Sus jóvenes serán ellos mismos carne de cañón para el reclutamiento rápido, y fácilmente se verán involucradas en conflictos étnicos, enfrentamientos religiosos y políticos y tentados por movimiento populistas.

Junto a esta evolución en los países pobres y emergentes, la evolución demográfica y económica del mundo atlántico, Estados Unidos y sus aliados occidentales, será justamente la inversa. Su población representará sólo un 12 por ciento del conjunto mundial. Su participación en el PIB mundial, que alcanzó el 68 por ciento en 1950 y bajó hasta el 43 por ciento en 2003, será inferior al 30 por ciento en 2050.

Esta situación traerá no pocos conflictos. De las ciudades caóticas e inmensas de los países emergentes pueden salir millares de lobos solitarios como el joven nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, dispuestos a convertir en una violencia ciega su resentimiento y su desorientación ante la vida. "Me siento deprimido y solo. No sé qué hacer. Además, creo que la soledad me lleva a otros problemas", relataba en enero de 2005 este nigeriano que  intentó hacer estallar un vuelo entre Ámsterdam y Detroit el día de Navidad.

Ojalá aparezca algún otro informe que pinte menos tenebroso el futuro de la humanidad.

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