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Aprendamos del terremoto de Japón

Aprendamos del terremoto de Japón

Hoy, 11 de marzo, nos hemos despertado con la noticia de que en el lejano Japón un terremoto de casi nueve grados en la escala de Richter, que mide la energía sísmica que libera un fenómeno de este tipo, ha provocado decenas de muertes y de desaparecidos. Este seísmo ha generado también un tsunami devastador que ha elevado hasta diez metros el nivel de las aguas del océano Pacífico.

Este terremoto nos hace recordar el que hace algo más de un año padeció nuestro vecino país Haití, que fue mucho menor en intensidad que el que acaba de acontecer en Japón, pero muchísimo más devastador; miles de casas en Puerto Príncipe fueron convertidas en escombro y miles de haitianos y haitianas quedaron sepultos bajo ellos.

Japón es una isla enclavada en una zona de intensa actividad sísmica. El terremoto de hoy, dice la prensa internacional, es el más devastador de los últimos 140 años. No es el primero que sufren y saben que no será el último

En esta misma semana, unos técnicos en la materia advirtieron que República Dominicana, principalmente la zona de Santiago de los Caballeros, corre un alto riesgo de sufrir en algún momento un terremoto como el de Haití y recomendaron que se vayan tomando las medidas de lugar para que cuando tiemble nuestra tierra, los efectos sean los menos dolorosos posibles.

Tendríamos que aprender de Japón. Este país tan castigado por los terremotos, desde hace ya muchos años ha venido desarrollando programas de prevención de desastres cuando esos fenómenos acontezcan. Estos programas han sido acompañados de medidas que reglamentan, por ejemplo, las construcciones nuevas, que deben ser todas resistentes, especifican también las áreas en las que no se puede construir etc.

Así se explica, en mi opinión que este terremoto, el más grande ocurrido en el planeta en los últimos años, no se haya cobrado más víctimas que el centenar del que hasta al momento de escribir estas líneas informa la prensa internacional.

Serán más, sin duda, los muertos, pero serán menos que las que ahora mismo el mundo lamentaría si Japón no llevara una clara y decidida política para enfrentar estos fenómenos a los que ellos están acostumbrados como nosotros a los ciclones.

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